El dolor crónico es muy difícil de comprender por quienes no lo padecen. Imaginese padecer un dolor de muelas durante más de tres meses, una tortura ¿verdad?. Hay muchas enfermedades que causan dolor crónico como la fibromialgia, los problemas de espalda, la artritis, la artrosis, espondiolistesis... y bastantes más.

8 cosas a tener en cuenta si su pareja sufre dolor crónico

El dolor crónico es muy difícil de comprender por quienes no lo padecen. Imaginese padecer un dolor de muelas durante más de tres meses, una tortura ¿verdad?. Hay muchas enfermedades que causan dolor crónico como la fibromialgia, los problemas de espalda, la artritis, la artrosis, espondiolistesis... y bastantes más.

El dolor crónico, no es solo físico, lleva aparejado mucho sufrimiento emocional y psiquíco. Si usted conoce a alguien que sufre de dolor crónico habrá observado que esta persona ha cambiado su vida de un modo radical dejando de hacer cosas que antes le encantaban, habrá cambiado su actitud hacía los demás, sus ganas de salir a divertirse... Si además esta persona es un familiar directo suyo o su pareja, es probable que usted tenga que adaptarse a esta situación por amor hacía esa persona.

 

Además del dolor contínuo aquí tiene 8 razones por las que estas personas sufren más de lo que se cree.

 

 

1. El dolor crónico es invisible.

 

Aproximadamente el 96% de las enfermedades son invisibles, es decir, no tienen señales externas por las que se pueda saber que una persona está enferma como si se puede saber cuando vemos a alguien en una silla de ruedas o caminando con un bastón.

Una persona que sufre dolor crónico después de convivir con el durante tanto tiempo posiblemente ya disimule bastante bien las muecas de dolor e incluso ahogue las intensas ganas de llorar y gritar cuando el dolor es muy intenso. Los pacientes de dolor crónico, llegan incluso a dejar de quejarse pues es agotador tener que explicar cada vez como se sienten, hasta donde llega a doler, de donde viene el dolor, etc. Es posible que desde fuera se vean perfectamente bien a pesar de estar sufriendo.

 

El dolor crónico es ignorado como una discapacidad y no se tiene en cuenta precisamente por que no se ve, también es difícil de entender para quién no lo padece o convive con alguien que si y se le resta importancia. Esto es muy duro para la persona que lo sufre. Como dicen muchos pacientes de dolor crónico “ojalá tuviese una pierna cortada o un brazo o necesitase una silla de ruedas. De ese modo no tendría que justificarme tanto por mi enfermedad”.

 

 

2. El dolor crónico conduce a la depresión.

 

Entre el 25% y el 75% de los pacientes con dolor crónico sufren de depresión entre moderada y grave. Esto hace que sea muy fácil que se retraigan y dejen de participar en las actividades cotidianas. Afecta a las relaciones con familiares y amigos lo que disminuye su calidad de vida. Es un círculo vicioso que afecta incluso a la efectividad de los medicamentos contra el dolor.

Es muy importante intentar evitar que se aíslen, sin presionar demasiado para evitar un rechazo mayor, hay que adaptar las actividades a las necesidades de la persona enferma para que no le supongan un sufrimiento añadido y conseguir que se sientan integrados, necesarios y sobre todo amados.

 

 

3. No saben como empezó.

 

Es posible padecer dolor crónico sin que este tenga un origen claro o una lesión que lo provoque y este parece surgir de la nada. Tener una lesión es útil, le ayuda a cuidar la parte lesionada para evitar o reducir algo el dolor. Pero más importante aún es para quién lo sufre tener identificada la fuente del dolor, una fuente además facilita algo explicar su situación. También le proporciona un “cierre”, el dolor sin una razón definida se vuelve algo totalmente sin sentido y hace sentir aún más desgraciado al paciente. El sufrimiento sin sentido crea preguntas que exigen respuestas, pero esas respuestas no existen o tardan en descubrirse y esto tiene efectos adversos sobre el estado de ánimo.

 

 

4. No saben cuando terminará.

 

Especialmente en personas jóvenes esta situación es motivo de desesperación pues les hace preguntarse si van a poder soportar el dolor durante los próximos 10, 20 o 30 años de su vida.

Tener que aceptar que es posible que el dolor no se vaya supone enfrentar pasar el resto de la vida padeciendo dolor. Volviendo al ejemplo del principio, imagine convivir con un dolor de muelas por el resto de su vida.

5. Se culpan a si mismos.

 

Es fácil culparse por no ser capaz de hacer ciertas cosas que antes eran normales como aguantar más carga de trabajo, asumir tareas difíciles o pesadas sin esfuerzo, salir con amigos hasta tarde, hacer largas excursiones por sorpresa, practicar deportes… Muchas veces negarán su estado e intentarán hacer todas estas cosas igual que antes luchando con el dolor y si este se lo impide y les hace rendirse, se culparán por no poder hacer lo mismo que antes. Esto puede conducir a un sentimiento de culpa y de auto-odio por no poder vivir al mismo ritmo que los demás o considerarse menos productivo en el trabajo y en la vida.

Intentar llevar el mismo ritmo de vida que antes o que el que llevan sus compañeros es poco realista cuando se padece de dolor crónico. La expectativa de hacerlo le creará una carga de culpa que se debe evitar.

Siempre hay espectativas de acostumbrarse al dolor después de un tiempo, igual que uno se acostumbraría a usar un bastón.

 

 

6. No están haciendo una montaña de un grano de arena.

 

Desde fuera la gente suele subestimar el dolor crónico. Al no haber signos externos de la enfermedad a menudo se escucha la frase “pues no se ve tan mal” o “debe aguantar muy poco el dolor para quejarse tanto”.

Todos hemos tenido dolor, pero es sorprendentemente difícil imaginar como sería tener un dolor constante todos los días. La persona que lo padece podría intentar explicarlo pero esto se convierte en algo agotador cuando hay que hacerlo constantemente y además suele haber mucha incomprensión por lo que esto termina creando un sentimiento de culpa y de autojustificación que es muy desmotivador.

También es importante evitar frases hechas del tipo “evita pensar en el dolor y te dolerá menos”, “el dolor tiene un origen mental” y absténgase de recomendar ejercicios. Terapias o medicamentos. Créame la persona que sufre dolor crónico ha intentado con todas sus fuerzas dejar de pensar en el dolor, ha intentado ignorarlo de mil formas distintas, ha investigado infinidad de terapias y probado medicamentos probablemente mucho más fuertes que los que usted conoce. Si quiere ayudarle, mejor escúchele y trate de empatizar.

 

 

7. Es agotador.

 

El dolor crónico consume mucha energía. Es como querer empezar una carrera después de un largo día de trabajo. Cada actividad desde la hora de intentar levantarse de la cama hasta lavar los platos o salir a comprar el pan requieren una gran cantidad de energía y como resultado una persona con dolor crónico podría tener que cancelar planes o irse más temprano a la cama.

Amar a alguien con dolor crónico implica tener mucha paciencia y hacer planes más abiertos o más fáciles de cambiar o cancelar con ellos.

 

 

8. Valoran mucho su apoyo.

 

La persona que padece dolor crónico puede sentirse sola y sin esperanza. La relación entre una persona y el dolor es dinámica y puede cambiar de la apatía a la frustración o a la desesperanza en poco tiempo. Los cambios son únicos en cada persona así que no hay un enfoque único. Además el dolor crónico es tanto emocional como físico y tener al lado a una persona que simplemente escucha e intenta entender al enfermo de la mejor manera hace algo más fácil la vida a estas personas.

 

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