20 cosas que los médicos no dicen sobre el dolor crónico

1. Los médicos no le dirán que el dolor crónico no es sólo físico. Causa mucha agitación mental y emocional, especialmente cuando el dolor físico afecta grandemente su calidad de vida y le impide hacer las cosas que usted quiere.

2. Mis doctores nunca me dijeron que debía aprender a perdonar a mi cuerpo por no poder hacer lo que antes podía y que nunca me comparase con personas que no sufren de dolor crónico.

3. La mayoría de los médicos no cuantifican como de severo es su dolor y cuánto afecta su vida cotidiana.

4. El ejercicio no es una cura y sólo funciona para algunas personas.

5. Aunque se vean superados por su caso, no le dirán que no tienen idea de cómo tratarlo, incluso cuando a usted ya le han dado un diagnóstico respaldado por pruebas y especialistas médicos, tampoco le dirán que no tienen el menor interés por aprender algo sobre su enfermedad ni le ayudarán a contactar con otro médico especializado en su dolencia.

6. Los médicos a veces pueden hacer que se sienta como si su enfermedad fuese algo de poca importancia que no puede afectar a sus relaciones, su trabajo o sus metas en la vida. Eso no es así, usted padece una enfermedad crónica que va a cambiar su vida.

7. Los doctores no le dicen que el dolor crónico puede durar para el resto de su vida. Algunos incluso pueden llegar a decirle que "el dolor está en su cabeza.

8. El médico nunca verá bien que usted se niegue a tomar algún medicamento aunque este le esté haciendo mal. La mayoría de los medicamentos tienen muchos efectos secundarios, algunos de ellos muy graves, hay medicamentos que pueden causar enfermedades peores aún que la que ya se padece. Es su obligación informarse muy bien sobre los medicamentos y tratamientos que le pone su doctor y hablar muy claro con el para establecer una relación honesta y demostrarle que no tomará cualquier cosa sin informarse. La decisión de tomar un medicamento o seguir un tratamiento es totalmente suya.

9. Normalmente los médicos no te hablan de los efectos secundarios: depresión, síntomas aleatorios, dificultad para concentrarse y demás efectos negativos que va a tener la enfermedad en tu vida social y laboral. Me habría gustado estar preparado para los cambios en mi vida.

10. Los médicos no le dicen que el tratamiento funciona de un modo distinto en cada persona. Algunas personas pueden mejorar con ciertas combinaciones de medicamentos y otras no. Los tratamientos cambian constantemente, salen medicamentos nuevos, otros se agregan o se quitan. Nuevas investigaciones se publican continuamente y muchos doctores no tienen tiempo para la formación continua o no les apetece.

11. Los médicos no suelen decirte que cuando llegan a un punto en el que ya no saben cómo ayudarte y han agotado todas las opciones. Pedir más exámenes y probar nuevos medicamentos son realmente solo prueba y error.

12. Nadie que no lo padezca entiende lo que es vivir en constante dolor y al no entenderlo, no saben qué decir o cómo tratarlo, por lo que evitan pasar tanto tiempo con usted como antes de la enfermedad. Esto trae la soledad del enfermo que viene acompañada de la depresión.

13. El dolor crónico causa mucha ira y dolor por los cambios tan radicales que provoca en la vida del paciente, normalmente el médico no lo tiene en cuenta o confía en que con los antidepresivos recetados se controlen estos sentimientos, pero en la mayoría de los casos es mucho mejor que sean tratados por un terapeuta especializado en psicología que nos ayudará a reconocer y canalizar esos sentimientos que van asociados al dolor y las enfermedades crónicas. junto con él.

14. El dolor crónico no tiene nada que ver con no ser activo o tener una dieta adecuada. No es que sea usted un hipocondríaco, y no debe avergonzarse por sentir dolor o estar enfermo. Cuando llueve, le duele. Cuando hace sol, también le duele. Nunca sabes con qué día se va a enfrentar.

15. Los doctores no le dirán que la energía que la energía que usted pone en bloquear su dolor, también puede hacerle bloquear el dolor de alguna enfermedad nueva como puede ser una infección de riñón y no darse cuenta hasta que es necesario un ingreso en el hospital.

Incluso los mismos médicos quitarán importancia a cualquier síntoma nuevo que usted les cuente diciéndole que todo es debido a su enfermedad pudiendo pasar por alto otras nuevas dolencias.

16. Los médicos no le dicen que realmente no entienden lo que significa vivir con dolor todo el día, todos los días, por el resto de su vida ni tratan de pnerse en su lugar en la mayoría de los casos.

Una vez escuché a mi reumatólogo explicarle a un representante de un lboratorio que era muy difícil tratar a los pacientes con fibromialgia porque requerían tanta empatía que era emocionalmente agotador.

17. No le avisarán que los analgésicos que le están recetando para el dolor son drogas muy fuertes que le provocarán adicción y los médicos y su entorno le tratarán como un drogadicto.

18. Los médicos no le enseñarán a distinguir si el dolor es por su enfermedad crónica o por otra cosa y seguramente terminará en urgencias más de lo normal al no saber si es un nuevo síntoma o es alguna otra cosa más grave. Esto lleva a estar preocupado continuamente lo que empeora su estado.

19. Nada aliviará nunca completamente su dolor y algunos días llegará a pensar que no tiene sentido seguir así. Esto no es así de ninguna manera, aunque le cueste creerlo, con el tiempo aprenderá a convivir con su enfermedad y manejará mucho mejor las crisis.

20. El dolor crónico, la fibromialgia, la fatiga crónica y otras dolencias de este tipo no son mortales por si mismas ni acortan en ningún modo la esperanza de vida del paciente. Hay mensajes en las redes que tratan de causar miedo y que adjudican a estas dolencias daños catastróficos que en realidad no tienen. Son enfermedades que causan un gran sufrimiento y que requieren de una gran fortaleza mental para convivir con ellas. Consulte siempre a su médico cualquier tratamiento o producto que le recomienden y busque un buen terapeuta psicólogo que le enseñe a manejar las crisis y a convivir con su enfermedad.

 

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