A veces quiero tirar la toalla, cerrar los ojos y no despertarme

A veces me quiero ir.

Hay decisiones muy difíciles de entender cuando no estamos en la piel de quién las toma. Decisiones que no tienen marcha atrás ni remedio una vez tomadas.

Son decisiones que afectan a más personas en la mayoría de las ocasiones de un modo muy duro y directo pero que deberíamos aprender a no juzgar. No digo entenderlas pues quién no ha pasado por alguna de nuestras dolencias u otras peores difícilmente podrá ponerse al 100x100 dentro de los zapatos de quién toma la decisión de acabar con su propia vida.

La vida es el bien más preciado y valioso que tenemos, si ¿pero estamos obligados a seguir cuando se convierte en un infierno? ¿Cuando nuestro cuerpo se convierte en una cárcel, en un cajón lleno de espinas que rodea todo nuestro cuerpo y hasta respirar es un infierno? ¿Tener esperanza? ¿en qué? Cuando un día es igual a otro o peor, pero nunca mejor. Cuando ya nos han dicho y tenemos claro que el resto de nuestra vida será igual.

¿Por qué?

¿Merece la pena?

Nadie toma una decisión así a la ligera ni en un momento. Es algo que se va fraguando dentro poco a poco y mientras esa idea se hace fuerte dentro de uno se envían señales que a veces nadie quiere ver ¿por qué siempre responsabilizamos a quién toma esa decisión de todo el daño causado? ¿Acaso este es un mundo de ciegos donde nadie ve? ¿O quizá no queremos ver que alguien está gritando en silencio, pidiendo ayuda?

Deberíamos aprender a VER a las personas que nos rodean, aprender a leer la tristeza y el dolor en las facciones de una persona. Empatizar y ponernos en la piel del otro para poder ayudarle, entenderle, apoyarle...

Muchos/as no darían ese paso si dejasen de ser invisibles, si nos tomásemos la molestia de mirarles a los ojos y ver que nos están diciendo.

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